El poder y los medios

 

En días anteriores la opinión pública se sorprendió  con el anuncio de la Casa Editorial El Tiempo de modificar el estilo de la revista Cambio, que se caracterizaba por la investigación y denuncia, y cuya publicación era semanal, a una magazine de enfoque más cultural  (yo diría light) de circulación mensual. Aunque la razón que argumentan los propietarios de la marca es económica, queda en el ambiente la impresión de que los verdaderos motivos fueron de otra índole.

“En 2009 hubo ganancias y para 2010 ya se habían vendido más de $1.500 millones. Aunque no soy gerente, pienso que este año, con la recuperación de la economía que se espera, las utilidades de Cambio habrían podido aumentar” señaló Rodrigo Pardo, ex director del semanario, en entrevista a El Espectador. Inclusive se atrevió a señalar que su salida, y la de su equipo de trabajo, se debió a las denuncias que se hicieron en contra del gobierno, ciertos personajes públicos y grupos financieros.

Y es aquí donde uno se pregunta qué tanta independencia existe entre los medios y periodistas, y los  grandes poderes económicos y políticos del país. La reflexión se debe hacer teniendo en cuenta que la relación entre ambos es estrecha: las mismas personas que ocupan altos cargos en el gobierno son accionistas de periódicos o revistas, y columnistas son familiares de políticos o ex políticos, por solo citar dos ejemplos.

Por eso no es raro que se ponga en duda cada una de las publicaciones de un diario o un noticiero: ¿Con esa noticia estarán intentando favorecer los intereses de alguien? Es el filtro al que se deben someter cada una de las notas o artículos que se publican. Sin embargo, y en esto hay que ser justos, también existen periodistas con gran ética profesional, que no aceptan ninguna clase de presión o prebenda por “ayudar” a alguien.

Hace pocos días, por ejemplo, periodistas de la ciudad de Villavicencio denunciaron que una candidata al senado por el partido conservador envió sobres con dinero a diferentes medios (como un regalito). Hechos como estos demuestran la gran entereza ética que deben tener los miembros del llamado “cuarto poder”.

Pero la posibilidad de recibir “un dinerito extra” por hacer un “favorcito” no es el única forma en que se pretender desviar el trabajo periodístico. Las presiones, ya sean de manera directa o indirecta, son una forma de silenciar las denuncias o hacer publicar algo. Amenazar con quitar un pauta publicitaria o hacer perder el empleo, también son un problema con el que se tiene que lidiar.

Para que exista una verdadera democracia debe existir prensa libre: no deben haber medios orientados a favorecer determinado grupo o interés, ni presión para intentar detener el periodismo de investigación y denuncia, ni censura, ni amenazas por quienes piensan distinto. Ojala en Colombia esto se entienda, y el “cuarto poder” cumpla cabalmente su función: fiscalizar a quienes tiene en sus manos el destino del país.

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